LA HISTORIA DE UN EJEMPLO A SEGUIR
11 DE Mayo DE 2019 / 03:56

Goddess, la mujer a la que no le importa serlo

El ascenso de la jugadora norteamericana rompe por enésima vez con cualquier prejuicio presente en la industria.
En el mundo de los deportes electrónicos, las mujeres no han jugado nunca un papel providencial. Esta tendencia, sin embargo, parece haber empezado a cambiar durante los últimos años. Sean cuales sean las razones, el género femenino está dejándose ver por fin entre la flor y nata de las competiciones internacionales. 
 
Recientemente, han sido dos los ejemplos que han llegado, por su clara relevancia, a aparecer en las portadas de toda página web imaginable. El año pasado, Kim “Geguri” Se-yeon pasó a formar de la historia al convertirse en la primera mujer en participar en Overwatch League, la mayor competición a escala mundial del famoso título de Blizzard. 
 
Menos de un año después, Chiquita “Chiquitae126” Evans siguió sus pasos. El foco de atención de Chiquita era notablemente menos popular en la industria de los deportes electrónicos, pues sobresalía en NBA 2K. El título de 2K Games goza de gran renombre en el ámbito de los simuladores deportivos, pero pocos eran los espectadores que atraían sus competiciones hasta la creación de la famosa NBA 2K League.
 
La primera temporada de dicha liga no contó con ninguna mujer entre sus filas pero, una vez la segunda edición dio comienzo, Chiquita no tardó en hacer su debut, marcando otra fecha a recordar para los más ávidos fanáticos de los deportes electrónicos. Hace menos de un semana, sin embargo, una jugadora ha vuelto a unirse a la lista. 
 
Una competidora ha pasado a ser parte de la mayor categoría de su respectivo esport por segunda vez en el último año. Una competidora que, sin siquiera pretenderlo, ha servido como otra prueba más de que, con sudor y con esfuerzo, una mujer puede hacerse perfectamente hueco entre los mejores del mundo. Ella, un modelo a seguir para posteriores generaciones de profesionales femeninas del mundo del videojuego competitivo, no es otra que Lauren “Goddess” Williams. 
 
 
De pequeña, Lauren nunca se habría planteado vivir de nada relacionado con los videojuegos. Si le gustaban, era porque le divertían y porque le acercaban a quienes, estuvieran cerca o no, hacían el papel de mejores amigos. Era con esos amigos con los que, hasta que se produjo la salida al mercado de Rainbow Six: Siege, pasaba largas e innumerables noches jugando al Call of Duty. Fueron también esos amigos, al fin y al cabo, quienes le animaron a probar R6S, aunque fuese solo una vez. 
 
No tenía razón ninguna para negarse. Pensándolo bien, si sus amigos valoraban que debían de cambiar de juego y ella valoraba a sus amigos por encima de todo, ¿qué le podía hacer decir que no? Así fue como, por primera vez, Lauren entró a una partida del ahora mundialmente conocido título de Ubisoft
 
Las condiciones se alejaban todo lo posible de aquellas típicas de una partida competitiva. En su casa, a altas horas, con un grupo de colegas y utilizando su Xbox de toda la vida en lugar de un ordenador, algo obligatorio si se quería llegar a alcanzar un nivel mínimamente decente. ¿Su alias? El que le había elegido su hermano cuando, a los 16 años, por fin le habían permitido crearse una cuenta personal.
 
De haberle descrito a cualquier persona con un mínimo de cabeza la mentalidad con la que Goddess afrontaba el juego en aquel momento, se hubiese carcajeado al oír que, actualmente, está viviendo exclusivamente gracias a él. Su desarrollo, sin embargo, fue algo casi natural, carente de premeditación alguna. Ella misma le quitaba importancia al camino por el cual había llegado a ser profesional en una entrevista con HyperX: “Bueno, empezó a gustarme más el juego, empecé a ver la escena competitiva, conocí a unos cuantos profesionales y… Sí, acabé compitiendo.”
 
Era un hecho que, a Goddess, el Rainbow Six le atraía como nunca antes le había atraído uno de los juegos a los que tantas horas de su tiempo libre había dedicado. Esto no era solo volar cabezas, sino que parecía haber un componente estratégico muy profundo que ella, al menos, no había sabido ver hasta el momento en ningún otro título. Aparte de eso, por supuesto, su nivel de habilidad era increíblemente alto. Antes de que nadie pudiese darse cuenta, Goddess había dado el salto por completo a ordenador, había obtenido el nivel necesario y estaba totalmente preparada para formar parte de un equipo profesional. 
 
 
Quizás la causa fuese su particular inclinación hacia los elementos más tácticos del juego o, quizás, las complicaciones que conllevaba el hecho de tener que acostumbrarse a jugar al más alto nivel en una plataforma completamente novedosa para ella. Fuera como fuera, Goddess tuvo claro que debía desempeñar un papel de apoyo, dejándole los momentos estelares a sus compañeros de equipo. En la defensa, por tanto, se veía a menudo controlando a operadores como Thermite o Hibana mientras que, cuando tocaba atacar, ella era la encargada de hacer de líbero y rotar a lo largo y ancho del mapa. 
 
Así lo hizo desde que entró a su primer equipo profesional, SoaR Gaming. Tras un modesto cuarto puesto en la segunda temporada del segundo año de existencia de la Challenger League norteamericana, el equivalente a la segunda división en el fútbol español, la organización decidió dejar a la plantilla en la estacada de cara a la próxima temporada. El núcleo del quinteto, formado por Goddess, Sam “Breezy” Lassila y Charlie “Powerful” Brown pasó entonces a formar parte de Reckless, marca bajo la que competirían hasta principios de 2018. 
 
Las cosas, curiosamente, parecieron ir a mejor. El quinteto obtuvo un meritorio segundo puesto en la última Challenger League del 2017, lo cual les permitía optar a un puesto en la mayor liga de todas, la Pro League. Goddess parecía continuar con su imparable progresión hasta la cima la cual, aparentemente, nadie iba a poder frenar. Las apariencias, sin embargo, suelen engañar y, esta vez, así lo hicieron. 
 
Reckless fue incapaz de clasificar pues Flipsid3 Tactics, un equipo tremendamente más experimentado por aquel entonces, les devolvería a la realidad con un rápido tres a cero. Este resultado que, aunque comprensible, resultó decepcionante, acabaría propiciando un cambio que, sin comerlo ni beberlo, tendría un impacto enorme en la carrera de Goddess. Brandon “Shlongii” Escamilla abandonó el equipo y, en su lugar, vino Davide “FoxA” Bucci. 
 
 
Este joven canadiense, bajito y aparentemente inofensivo acabó convirtiéndose en uno de los más fieles compañeros de nuestra protagonista, con la que compartiría equipo hasta finales del 2018. Goddess, con sorna y una sonrisa pícara, se refirió en una ocasión a su relación con él de la siguiente manera: “Creo que le tolero. Cuando nos levantamos no suelo irme de mi habitación para no tener que relacionarme mucho con él. Luego tenemos que entrenar, así que me paso seis o siete horas sentada a su lado pero, cuando terminamos, me voy a hacer directos para poder evadirme y no tener que aguantarle ni un poquito más.”
 
Ella y FoxA serían los únicos dos jugadores que aguantarían el huracán de cambios de alineación en el que se iba a convertir el equipo durante los próximos meses. Shlongii volvió al equipo no mucho tiempo después, aunque no en sustitución del canadiense, justo para poder competir en la siguiente temporada de Challenger League, la primera del 2018. Para la ocasión, el quinteto fichó por Beastcoast, una de las organizaciones de base de los esports estadounidenses. 
 
En un vídeo filmado durante los primeros días de convivencia en la nueva organización, Goddess aseguraba que se sentía muy afortunada de poder trabajar con un equipo como el suyo y construir algo grande a partir de ello. En principio así fue, pues un segundo puesto en la competición parecía ser símbolo de la seguridad y firmeza del quinteto. A este le siguió una más que merecida clasificación a Pro League. 
 
Esta vez sí, Goddess lo había conseguido. Ahora iba a poder luchar con la creme de la creme del Rainbow Six: Siege. Sin embargo, la noticia no iba a hacerse conocida hasta que ocurrió una cosa entendiblemente inesperada. Para DreamHack Austin, torneo en el que alcanzaron los cuartos de final antes de caer frente a Disrupt Gaming, el equipo ya había hecho cambios, pero nada en absoluto comparable a lo que se avecinaba. 
 
 
En junio del 2018, Cloud9 anunció su llegada a la escena competitiva de Rainbow Six. ¿Cómo lo hicieron? Fichando al equipo de Beastcoast al completo, asegurándose así una plaza en la Pro League norteamericana nada más entrar. El quinteto era el mismo, pero para Goddess esto significó un salto de tremendas dimensiones. Ahora representaba a la organización de más renombre de la historia del continente y, por lo tanto, su historia no tardaría en ser objeto de conversación. 
 
Rápidamente, tanto su nombre como su condición de mujer se hicieron ampliamente conocidas en la comunidad internacional de Rainbow. Sorprendentemente, sin embargo, esto no pareció atraer demasiadas críticas negativas por parte de los seguidores de la escena competitiva. Tan poco como le importaba a los fans parecía importarle a Goddess, quien nunca sintió que fuese especial por pertenecer a un género diferente. 
 
Así lo expresó en una sesión de preguntas y respuestas con algunos miembros de la comunidad: “Creo que la mayor dificultad a la que me he enfrentado ha sido ser una mujer en una industria dominada por hombres, pero porque todos los días la gente me pregunta cosas como ¿Cómo lo haces?, ¿cómo es tener que jugar con un grupo de chicos, son sexistas? … Para mí ese es el mayor reto, porque nunca he pensado en ello como una mujer jugando con un grupo de hombres, sino simplemente como un “gamer” con un grupo de gamers.” 
 
Con Cloud9, Goddess experimentó por primera vez el enfrentarse a jugadores de un calibre más que destacable. Los inicios fueron complicados, pues un decimosexto puesto en DreamHack Valencia dejó al equipo por los suelos en términos de motivación. Sin embargo, iban a poder arreglar los problemas rápidamente. Tras reemplazar a Shlongii por Mark “MarkTheShark” Arismendez todo comenzó a mejorar, pues obtuvieron un cuarto puesto en OGA PIT Season 1 - North America. El momento más destacado de la carrera de Goddess, sin embargo estaba aún por llegar. 
 
 
DreamHack Montreal era un torneo al que Cloud9, tras un cúmulo de actuaciones mediocres en Pro League, acudía sin muchas expectativas. No obstante, lo dominaron por completo. Tras endosarle un rápido dos a cero a Rogue en la gran final, Goddess y compañía se hicieron con el trofeo en la ciudad canadiense tras no perder un solo mapa. Era, sencillamente, la gloria. La primera victoria de Goddess había llegado en el mejor momento, asegurándole así además la participación en el Six Invitational de 2019. 
 
Dicho torneo, sin embargo, Goddess no llegó ni a divisarlo. Cloud9 acabó la temporada de Pro League en una, aunque suficiente, insignificante sexta plaza. Según lo que parecía, el equipo simplemente tenía que seguir creciendo y mejorando juntos, pues ya habían dado muestras de su enorme potencial y de la química existente entre los miembros. El cambio a Team Reciprocity, sin embargo, iba a suponer un antes y un después en la vida de la jugadora. 
 
Cloud9 decidió transferir el quinteto a Reciprocity para invertir en la escena coreana y, en algún punto de las negociaciones, se decidió que Goddess debía quedarse fuera del proyecto. Esto resultó una sorpresa total y absoluta para ella, quien tuvo que ver como incluso el propio FoxA la dejaba de lado en pos, supuestamente, del desarrollo del equipo. Alexander “Skys” Magor, su reemplazo, era sin duda un prospecto mucho más sólido y veterano pero, aun así, resultaba impactante la falta de confianza que, de repente, sus ex-compañeros habían demostrado hacia ella. 
 
Al empezar 2019, Reciprocity alcanzó un punto álgido en su historia. No solo participaron en el susodicho Six Invitational sino que, en la competición online, concluyeron en un sorprendente tercer puesto que les dejó a las puertas de las finales mundiales. Goddess, por su parte, no podía hacer nada más que luchar por volver a donde estaba mientras observaba una gloria que sentía que sentía que debiera pertenecerle. 
 
 
Su determinación de volver a donde ya había estado antes, sin embargo, era firme, tal y como explicaba en un Twitlonger publicado al tiempo de enterarse de su despido: “Desgraciadamente, no estaré jugando en la Pro League, pero competiré con Elephant Gang en la próxima temporada de Challenger para volver a clasificarme. Ya lo hice una vez y sé que puedo hacerlo dos.” Así fue. 
 
Elephant Gang pronto se convirtió en Susquehanna Soniqs. Desempeñando un papel estelar, aunque no literalmente, el equipo recaló en un segundo puesto al final de temporada, cayendo en la final contra ´92 Dream Team. Una sola serie, la de promoción, separaba a Goddess de volver al lugar al que había demostrado pertenecer. Finalmente, hace apenas unos días, lo consiguió. 
 
Rise Nation apenas opuso resistencia. A lo largo de la serie fueron notables la tenacidad y decisión de Goddess, quien no pudo sino sentirse aliviada a la vez que motivada al saber que volvería a estar en primera división, que se enfrentaría a sus antiguos compañeros de equipos. Nadie sabe si será capaz de demostrarles que fue un error dejarla ir pero lo que no se puede negar es que, sin duda alguna, Goddess pertenece a la Pro League de toda y cada una de las maneras. 
 
Sin importar su sexo y, de hecho, sin haberlo siquiera mencionado como un factor a lo largo de toda su carrera, Goddess ha conseguido demostrar el nivel que posee, independientemente de con quien tenga que jugar. Esta será la segunda vez que participe en el mayor de los escalones de la escena competitiva de Rainbow Six: Siege y, además, lo hará con el segundo equipo al que ha ayudado a conseguir tal gesta.
 
Goddess ha demostrado ser todo un ejemplo en lo que a profesionalidad y dedicación se refiere, un modelo a seguir para no solo todas, sino también todos aquellos que busquen hacerse un nombre compitiendo profesionalmente. Por si fuera poco, su carrera no ha hecho más que empezar. Mucho cuidado, porque hay Goddess para rato, y quién sabe lo que puede acabar consiguiendo.