LOS ORÍGENES DEL JUGADOR VIETNAMITA
17 DE Mayo DE 2019 / 18:31

BigKoro: jugar para encontrarle el sentido a la vida

Actualmente está compitiendo al más alto nivel, pero la vida no siempre le ha sido favorable al tirador de Phong Vũ Buffalo.
Đặng “BigKoro” Ngọc Tài acaba de firmar una de las mejores actuaciones de toda su carrera profesional. Su equipo, Phong Vũ Buffalo, representante del país anfitrión, se presentó al torneo como un quinteto basado en la capacidad arrolladora de Phạm “Zeros” Minh Lộc, el sorprendente talento vietnamita que parecía prometer más nivel que nunca de cara a este final de temporada. 
 
Sin embargo, BigKoro, relegado en principio a un papel secundario dentro de la jerarquía de Phong Vũ Buffalo, acabó brillando con luz propia incluso por encima de su aclamado compañero de la calle superior. Desempeñando el rol de tirador, el ya veterano jugador vietnamita demostró no solo el potencial que tenía, sino lo capaz que era de enfrentarse, a su corta edad y viniendo de una región secundaria, a algunos de los oponentes de mayor calibre que se puedan encontrar en el mundo entero. 
 
Aún sin levantar muchas miradas, BigKoro abrazó el estilo de juego de su equipo desde el primer día. Este se basa en la agresividad y la presión constante durante los primeros minutos de partida. En vez de dedicarse a abrazar su torre y esperar a poder ser la salvación de los búfalos en un posible juego tardío, como muchos seguidores suponían que iba a hacer, el tirador de Phong Vũ se convirtió en toda una pesadilla para sus contrincantes durante la fase de líneas. 
 
Sin tener por qué recibir una especial atención por parte de su jungla, BigKoro no solo destacó en el clasificatorio, sino que también mantuvo la compostura contra los pesos pesados una vez llegó la esperada fase de grupos. Jugadores de la categoría de Yiliang “Doublelift” Peng o Park “Teddy” Jin-seong conocerían, hasta entonces inadvertidos de su calidad, lo que es enfrentarse contra el vietnamita cuando este está en perfectas condiciones. 
 
 
Es complicado que una buena actuación general se refleje en las estadísticas de un jugador cuando este se encuentra en un equipo que, a pesar de los constantes y alentadores ánimos de los seguidores locales, ha quedado eliminado con un balance de ocho derrotas y tan solo dos victorias. No obstante, aún se pueden deducir algunas de las características del estilo de juego de BigKoro mediante un vistazo a la página de Oracle´s Elixir. 
 
El joven ADC, de tan solo 19 años de edad, ha demostrado su maestría jugando en un sistema agresivo y demandante en cuanto a mecánicas se refiere. Es el segundo tirador con más ventaja de súbditos al minuto diez, tan solo por detrás de Yu “JackeyLove” Wen-Bo y, al mismo tiempo, el que más veces ha participado en el primer asesinato de una partida, habiendo estado involucrado en el 40% de las ocasiones. Más allá de esto, su agresividad se ve reflejada en el hecho de que ocupa la plata en el ránking de tiradores con más asesinatos a su nombre, siendo exactamente 37 las veces que ha mandado, sin piedad alguna, a un enemigo de vuelta a base. 
 
Para cualquier otro jugador, todo esto sería simplemente un signo de su progreso. Una señal que le indica que, por mucho que su equipo sufre sobremanera a la hora de traducir la ventaja al juego medio, su desarrollo individual está siendo el adecuado y, probablemente, acabe labrándole un nombre en la escena internacional. 
 
Para BigKoro, sin embargo, el MSI ha significado mucho más que eso. Jugar es lo único que, a día de hoy, considera importante para su vida. Una vida que, desde chiquillo, ha tenido que procurarse él mismo, conllevase el trabajo que conllevase. Para BigKoro, hacer una buena actuación delante de todos sus compatriotas no es tan solo un triunfo para su carrera profesional. Es, además, un triunfo personal que hace que pueda seguir luchando para darle sentido a su existencia. Un objetivo que, desgraciadamente, se ha visto forzado a considerar inalcanzable varias veces a lo largo de su vida. 
 

VIETNAM, UN PAÍS DIFERENTE Y COMPLICADO

 
El nombre de Phong Vũ Buffalo es el que es por un motivo. La palabra “buffalo” es, curiosamente, la traducción al inglés de un insulto bastante común en las partidas clasificatorias de la región. Este se usa para insinuar que alguien es, hablando en plata, un niño rebelde, cabezota y que no acepta más opinión o consejo que el suyo propio. En principio, ponerle un nombre de estas características a una organización profesional puede parecer un gesto de mal gusto pero, aunque no lo parezca, la explicación resulta sencilla y, a la vez, bastante impactante. 
 
En Vietnam, lejos del relativo lujo al que está acostumbrado el mundo occidental, lo normal y corriente es ser víctima de la pobreza desde el momento en el que se viene al mundo. Esto, cómo no, se traslada también al ámbito de los deportes electrónicos. En caso de no contar con un patrocinador potente, ninguna organización es capaz de pagar una cantidad decente a los jugadores que trabajan para ella. 
 
Esta era precisamente la situación en la que se encontraba Young Generation allá por el 2017. El equipo, el cual acabó sirviendo como predecesor de Phong Vũ Buffalo, era simplemente incapaz de atraer a una empresa que se ofreciese a pagar los sueldos de los jugadores. Actualmente, tres de los que en ese tiempo militaban en YG forman hoy en día parte de los búfalos, viviendo por fin una vida más acomodada. 
 
Por aquél entonces, sin embargo, BigKoro, Nguyễn “Palette” Hải Trung y Võ “Naul” Thành Luân tenían que conformarse con vivir en casas de apenas 40 metros cuadrados, maltrechas, semejantes incluso a la pocilga donde, en cualquier país plenamente desarrollado, dormirían los cerdos. Fuera de casa, sin embargo, la cosa tampoco mejoraba mucho. La calle era peligrosa, pero ese era, al fin y al cabo, el ambiente en el que todos ellos se habían criado
 
 
En vez de cobrar por jugar profesionalmente, para colmo, habían tenido que pagar para poder llegar a donde estaban. La única manera que tenían los adolescentes de Vietnam de evadirse de la cruda realidad en que vivían era jugando en los numerosos “PC cafés” instalados a lo largo y ancho del país.
 
Allí era donde conseguían, por un módico precio, sumergirse en un mundo de fantasía junto con la compañía de cuatro amigos. Esta experiencia, teniendo en cuenta la aburrida alternativa de quedarse en una casa que no parecía siquiera tal, acababa consumiendo la mayoría del tiempo de muchos de ellos.
 
Desde allí era también desde donde, si alguno de estos adolescentes en busca de dar rienda suelta al cerebro resultaba ser lo suficientemente bueno y caía en el radar de algún equipo competitivo ya formado, se llevaba a cabo el periodo de prueba. Una vez aceptados, sorprendentemente, continuaban jugando allí, cada uno por su cuenta y pagando, por supuesto, sus facturas, en el caso de no tener que atender ningún torneo presencial.
 
La vida de aquellos que aspiraban a ser jugador profesional era, en la mayoría de las ocasiones, una vida sin muchas facilidades. Todos los que formaban parte del quinteto que más tarde pasaría a llamarse Phong Vũ Buffalo eran, en esencia, “buffalos”, representantes de la adolescencia vietnamita en general.
 
 
Entre ellos, sin embargo, BigKoro era, con mucha diferencia, quien había vivido las experiencias más descorazonadoras. El ahora tirador de nivel internacional se describe a sí mismo en su niñez como “un niño muy obcecado y cabezota que no paraba de pedirle dinero a su madre para ir a jugar.” Al volver del colegio, no se le pasaba por la cabeza otra cosa que no fuera echar la tarde sentado jugando al éxito competitivo de turno.
 
Vivía con su madre y, aunque no solían ir juntos a ningún lado, ella siempre le acompañaba hasta el sitio donde había quedado con sus amigos para encaminarse hacia la diversión. Hoy en día, BigKoro recuerda esos tiempos entre risas nerviosas: “Cuando chico, yo era muy cabezota. Siempre, todos los días, le pedía dinero a mi madre para poder ir a jugar.” Cuando ella no se lo daba, él simplemente no desayunaba, esperando que el dinero destinado originalmente al desayuno fuese suficiente para hacer, una tarde más, lo que más le gustaba en el mundo. 
 
Sin embargo, tras una pequeña pataleta, su madre solía darle todo lo que necesitaba, por muy costoso que eso resultase para la economía de la familia. Al fin y al cabo, solo quería ver a su hijo lo suficientemente feliz. “Ella le decía a todo el mundo que yo iba siempre a jugar a los videojuegos, pero que siempre tenía que llegar a casa a la hora que ella dijese”, relataba BigKoro, sorprendido por un montón de memorias de su infancia que le venían a la mente. “Sin embargo, yo algunos días llegaba tarde y nunca me decía nada.”
 
Su madre era una persona dura de roer, que había visto en vida más de lo necesario y lo mismo había sufrido. Su carácter era tosco para la mayoría de la gente pero, para el tirador vietnamita, quien la entendía, siempre tuvo un desde divertido, incluso humorístico. Fuese como fuese, era su madre y, le diese o no dinero, estaba a su lado y siempre lo iba a estar. Eso era lo que BigKoro pensaba en aquel entonces, siendo aun un adolescente desgarbado que no se preocupaba por más bienestar que el suyo propio. Hoy en día, sin embargo, se siente aún arrepentido por pensar así e incluso, de manera completamente injusta, algo culpable. 
 

DESASTRE Y RECUPERACIÓN: DEVOLVIENDO LO PRESTADO

 
Era un día cualquiera en la vida de BigKoro. Había, sin embargo, algo diferente en él mientras caminaba de vuelta a casa. Sorprendentemente, ese día no había ido a jugar al League of Legends, videojuego que desde hacía un tiempo consumía la mayor parte de su tiempo, como siempre solía hacer. Era el cumpleaños de uno de sus compañeros y había acudido a la celebración. 
 
Siempre estaba bien moverse en ambientes poco comunes de vez en cuando y, siendo la fiesta de un amigo suyo, no podía decirse que hubiese pasado un mal día. Sería también poco acertado, sin embargo, decir que no estaba deseando que llegase el día siguiente para poder volver a sentarse delante del ordenador. Hasta entonces, no podría hacer mucho más que aburrirse en casa. 
 
Unos meses antes podría al menos haber charlado con su madre sobre cualquier tema mientras esperaba a que pasase el tiempo. Ahora, en cambio, le resultaba imposible. Su madre había, sin previo aviso, caído víctima de una profunda depresión.
 
Todo el buen humor que BigKoro era siempre capaz de ver en ella se había vuelto, de repente, inexistente o, al menos, imposible de encontrar. Ahora, se dedicaba simplemente a darle a su hijo el dinero que le pedía sin hacer mayores miramientos y apenas salía a la calle. 
 
BigKoro había notado, obviamente, un cambio en su carácter. Sin embargo, tampoco se había parado a preocuparse sobre ello. No había duda, ese día él llamaría al timbre, su madre le abriría la puerta y todo seguiría como siempre. Por desgracia, eso no fue lo que pasó. Al ver que nadie le abría, BigKoro fue rápidamente a pedir ayuda a casa de sus vecinos, quienes no tardaron en llamar a la policía. 
 
 
“Estaba asustado y confundido. No sabía si le había pasado algo. Vino un grupo de policías a mi casa y, al salir unos minutos después, me dijeron que se había suicidado.” También le dijeron que había dejado, al menos, una nota para su hijo.
 
En ella le pedía que la incinerase, que no quería estar para siempre bajo tierra. Así fue. La despedida fue íntima, sin funeral ni reunión alguna. Madre e hijo siempre habían estado juntos y así continuó siendo hasta el final. 
 
Al día siguiente, BigKoro regresó a su casa para pasar la noche. Ante el extraño y absoluto silencio que allí había, no pudo evitar echarse a llorar como nunca antes lo había hecho. Se sintió mal por cada moneda que le había pedido a su madre a lo largo de su vida.
 
Hasta en el último momento, ella se preocupó por que estuviese feliz, pues había dejado todo su dinero para el pago de la matrícula de la escuela de su hijo. Aunque fuese después de su muerte, BigKoro decidió que él también tenía que empezar a preocuparse por su madre. 
 
Se propuso demostrarle que todo el tiempo y dinero empleados en su diversión, en que fuese con sus amigos a jugar al League of Legends todas las tardes posibles, había valido la pena. Comprendió que, si quería enorgullecer a su madre, tenía que empezar a tomarse en serio lo que llevaba toda su vida haciendo por puro entretenimiento. 
 
Nunca se había considerado capaz de llegar a ser algo en la vida, pero las cosas habían cambiado. “La mayoría de los jóvenes en Vietnam juegan para divertirse. Para mí ahora era diferente, yo quería competir, competir me hacía feliz. Cuando gano, puedo sentirme orgulloso.” Unos años más tarde, BigKoro ha demostrado frente a miles de personas con trasfondos e historias probablemente similares a la suya que, por muy mal que lo pasase, su madre estaría orgullosa de él. 
 
 
Al final, incluso después de todo este tiempo, eso es lo único por lo que el tirador vietnamita sigue luchando. Jugar a videojuegos ha sido parte de su rutina diaria desde la infancia y, tras haber perdido a su principal apoyo, es lo único que consigue mantenerle a flote y con un objetivo claro en la vida, el de seguir mejorando. 
 
Por muchos asesinatos que consiga, por muchos trofeos que levante y por muchos ceños que consiga fruncir, al fin y al cabo, siempre va a mirar atrás y recordar la pérdida de su madre como el momento en el que su vida cambió para siempre. “Me costó mucho acostumbrarme a dormir solo, porque siempre le he tenido miedo a los fantasmas. En realidad, lo cierto es que llevo completamente solo desde el momento en el que murió mi madre.”
 
 
Imágenes propiedad de Lolesports y VCS. 
Autor: Lucas "LuckyNeck" Chillerón.