EL CULMEN DE LA TEMPORADA PRIMAVERAL
6 DE Abril DE 2019 / 14:26

Emociones en la final de Sevilla, un evento para el recuerdo

Todo lo que se vivió en el Cartuja Center contribuyó al grandioso espectáculo que ofrecieron ambos equipos.
La final de la Superliga Orange estaba ya completamente en marcha. En las gradas, el público no dudaba en disfrutar del enfrentamiento entre Splyce Vipers y Origen BCN, pues no había ojo alguno mirando algo que no fuese la pantalla principal. El transcurso del partido, sin embargo, se vivía de forma muy diferente en el denominado “palco VIP”. 
 
A la derecha, sentados frente a sus respectivas máquinas la mayoría del tiempo, controlando que nada fuese mal, se encontraban dos técnicos de cámara. Tan solo un metro les separaba del resto de los presentes, pero su mundo parecía estar completamente aparte. 
 
Quienes más cerca tuvieron durante toda la tarde, sin embargo, eran indudablemente peces gordos. El último y penúltimo asiento quedaron prácticamente reservados para Ricardo “Kails” Herrero y Leo Ibáñez, ambos miembros del equipo de trabajadores de Riot Iberia. El primero, cabeza de la sección de esports, desempeñó su trabajo de manera casi magistral. Entre mapa y mapa acudía a sala de prensa para dar entrevistas y, tan pronto como empezaba la acción, volvía a concentrarse en su portátil, aplaudiendo con fuerza cada vez que los comentaristas daban un dato positivo sobre el número de espectadores. 
 
 
El segundo, quien desempeña exactamente el mismo papel que Kails dentro de la empresa, apenas se dejó ver por el palco, probablemente ajetreado con asuntos de mayor relevancia que las propias partidas. Por ser miembros de la compañía desarrolladora del juego al que allí se estaba jugando, ambos asientos en los que se situaban parecían estar provistos de una burbuja invisible, pues nadie quería importunarlos con lo que, muchos pensaban, probablemente les parecerían pequeñeces. 
 
Una fila más alante, sin embargo, la seriedad se convertía en pura ilusión. Algunos probablemente llegaron a preguntarse qué hacían todos esos niños en la que se suponía era la zona privilegiada de la grada. La respuesta, sin embargo, era fácilmente deducible. Cómo indicaba Jorgen “Hatrixx” Elgaen en su cuenta de Twitter antes de la final, esos lugares los ocupaban las familias de los participantes. El ambiente era completamente distinto a los antes descritos, pues las conexiones con los jugadores eran comprensiblemente más fuertes, haciendo que las emociones fluyeran sin apenas miramientos cada vez que algo relevante ocurría en la partida. 
 
 
Justo detrás, en los asientos reservados a los representantes de los diferentes medios de comunicación, las dos primeras partidas habían transcurrido de forma apaciguada. Pequeños grupos de periodistas charlaban sobre el juego y los dos equipos finalistas a lo largo del palco, tomando notas para próximas entrevistas y artículos. Todo parecía bajo control. 
 
A partir de la tercera partida, sin embargo, un revuelo general pareció adueñarse de los allí presentes. De repente, se había hecho conocida una información de gran magnitud: Enrique “xPeke” Cedeño, mejor jugador español de todos los tiempos y actual copropietario de Origen, iba a hacer acto de presencia. “¿Cuándo?, ¿cómo?” eran algunas de las preguntas que empezaron a flotar en el aire. Finalmente, tras unos minutos de expectativa, el murciano hacía su aparición con el tiempo suficiente para ver cómo sus chicos vencían en el cuarto asalto y conseguían llevar la serie al límite. 
 
El estadio estaba enloquecido. Por primera vez en mucho tiempo, la final de la Superliga Orange estaba dando verdadero espectáculo. Momentos antes de comenzar la pausa que llevaría al quinto y último enfrentamiento, Daniel “Kraniel” Flores anunció lo que todos esperaban: “Al volver, tendremos una sorpresita aquí en el escenario con xPeke”. El ex-campeón del mundo, al escuchar esto, se ponía de rodillas en el suelo, apoyándose en el respaldo del asiento que tenía delante. Puede parecer imposible, pero lo cierto es que el gesto se podía interpretar como de nerviosismo, de la presión de volverse a encontrar cara a cara con sus fieles seguidores nacionales. 
 
 
Una vez en el escenario, el murciano no tardó en explicarlo todo. “Me he venido en coche desde Murcia, con mi madre, y he venido para vernos ganar y bueno, para veros a todos los fans que estáis aquí, por supuesto”, exclamaba xPeke, escondido tras una apariencia desgarbada que poco tenía que ver con su ilusión por el devenir del encuentro. Todo estaba, por fin, listo para el comienzo de la partida decisiva.
 
Al menos eso parecía, porque nadie podía estar preparado para lo que se avecinaba. El partido decisivo resultó ser un completo torbellino de emociones, condensadas principalmente al final, que acabó trágicamente con las opciones de Origen BCN. Tras parar lo que parecía ser el empujón definitivo por parte de sus rivales, Splyce Vipers derrumbaba el nexo entre vítores y gritos de alegría y emoción. El público, que a pesar de lo que acababa de presenciar mantenía el habla completamente intacta, se dedicaba en cuerpo y alma a homenajear y felicitar a los nuevos campeones. La Cartuja entera parecía estar sumergida en el ambiente festivo que allí se respiraba. 
 
Había unos cuantos asientos, sin embargo, que no estaban allí en ese momento, sino en otro mundo mucho más triste. Poco quedaba de las risas que se oyeron en estos cuando Ibai gritó a pleno pulmón “¡Que vais a matar a Maricarmen!”, momento en el que todos se giraron a mirar a la madre del ex-mid laner con expresión animada. Ahora, al pasar por delante del murciano y los suyos para poder abandonar el recinto, se le podía ver sentado, inmóvil, con la cara inerte. No estaba especialmente triste, ni siquiera a punto de llorar. Se encontraba, simplemente, desilusionado.
 
 
Unos minutos más tarde, en el backstage, se juntaban todas las emociones positivas que se habían vivido durante la final. Los jugadores de Splyce Vipers, aún sin tiempo de digerir lo que acababa de acontecer, daban entrevistas con desparpajo y extendiéndose en las respuestas. Los comentaristas y analistas se felicitaban unos a otros, bromeando y contando anécdotas del partido, antes de ir a intentar conseguir un trozo de las pizzas que debían servir como cena para todos ellos. La prensa, contentísima con la situación, intentaba sacar lo máximo posible del momento. 
 
No obstante, había un alma discordante en la sala, Adrián “Homi” Moldes. El apoyo de Origen BCN parecía estar en otro universo, o al menos así lo percibían los demás. Antes de cada entrevista se le pedía perdón y, en vez de bromas y chascarrillos, los comentarios que a él llegaban eran todos de pena, compasión y ánimo. Aunque no se notase mucho, las dos caras de la final estaban representadas en el contraste que el gallego ejercía con respecto al resto de presentes. 
 
Unos metros más allá, justo tras el telón del escenario principal, xPeke volvía de cumplir su función como máximo exponente de una comunidad: hacerse fotos con todos los seguidores. A la hora de las entrevistas, sin embargo, su respuesta era clara: “No, al final no voy a dar ninguna, de verdad, bastante tengo ya con lo de hoy…”, hacía saber el murciano antes de emprender el paso hacia la zona reservada junto con su inseparable madre. Enrique Cedeño fue quizás la cara más triste y desafortunada de la noche, pero su profesionalidad hizo que, de cara al público, el evento fuese simplemente redondo. 
 
 
Al final, quien perdiese o ganase no era lo importante de aquel día. Alrededor de medianoche, ambos quintetos intercambiaban abrazos y palabras de amistad entre ellos antes de dirigirse hacia sus respectivos vehículos para emprender el camino a casa. Una vez todos abandonaron el lugar, seguía habiendo decenas de seguidores corriendo de un lado para otro, en busca de quienquiera que saliese para hacerse una foto e intercambiar unas palabras. Sebastián “Tierwulf” Mateluna, quien se encontraba en la puerta lateral, había decidido quedarse a charlar con todos los que quisieran conocer al mítico jungla chileno. A escasos metros, Fernando Cardenete y unos cuantos comentaristas exprimían los pocos minutos de día que quedaban haciéndose el enésimo selfie de la jornada. 
 
Era un panorama desolador comparado con lo que había sido el sitio hacía unas horas, pero a la vez era bonito, familiar y cercano. Era un reducto de la esencia de los deportes electrónicos, que ya no son en absoluto lo que solían ser. Tras esta final había horas y horas de esfuerzo y montones de trabajadores. Desde sus casas, sin embargo, la habían seguido más de 56.000 espectadores en un momento dado. Al fin y al cabo, se acabó dejando a un lado la tristeza, la alegría, el esfuerzo, el sudor, las lágrimas… La final de la Superliga en Sevilla acabó quedando simplemente como lo que era: un paso más en el largo camino por recorrer de los esports, un evento histórico que, de una manera u otra, será recordado para siempre.